domingo, noviembre 15, 2009

La literatura saharaui busca su espacio





La historia sigue su propio curso sin detenerse y sin mirar, no le da oportunidad a los protagonistas a mirar los hechos a cambiar los acontecimientos, persigue sus propias huellas en busca de una eterna reconciliación con el pasado. En esa reconciliación los escritores perseguimos cada migaja, pasaje y momento para trasladar las emociones, colores y sonidos de un momento pasado que no vuelve, pero que forma parte de nuestra memoria y regresa a la retina de cada uno para recordarlo.

La Fuente de Saguia es la obra de varios escritores saharauis comprometidos con el sufrimiento de su pueblo, con su batalla y su lucha por restablecer el verdadero aliento que necesita la literatura para darle sentimiento y significado a la justicia. Es la lucha permanente de quienes queremos rescribir el pasado del que hemos sido despojados.

Queremos devolverle al Sahara el verdadero significado de la palabra nómada, siroco, dromedario, jaima y beduino para que cada niño saharaui entienda el mensaje de su tierra, de sus costumbres y a partir de allí sentirse un hombre libre capaz de mirar sus raíces desde la certeza que su pasado es también su presente y futuro.

La Fuente de Saguia es una fuente de vida llena de relatos mágicos que narran como un niño en el exilio perdió la vida corriendo hacia la vida, o una familia se reencontró después de una cruel separación o como un inmigrante sufre todo tipo de penurias para tener acceso a un trabajo; nos enseña que los propios protagonistas de estas historias también son sus autores, no han necesitado ser escritos por otros ni entrevistados. Ellos mismos desde su propia experiencia nos trasladan a su mundo para que seamos participes de cada párrafo de este libro.

En el Sahara Occidental no contamos con grandes editoriales, ni periódicos, ni medios de comunicación capaces de ilustrar nuestra realidad, por eso creemos firmemente en la necesidad de luchar mediante la literatura para llevaros el mensaje de los saharauis; contado y escrito por nosotros mismos.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro La Memoria del Fuego, los Nacimientos nos dice:

- Ojala Memoria del Fuego pueda devolver a la historia el aliento, la libertad y la palabra. A lo largo de los siglos, América Latina no sólo ha sufrido el despojo del oro y de la plata, del salitre y el caucho, del cobre y del petróleo: también ha sufrido la usurpación de la memoria. Desde temprano ha sido condenada a la amnesia por quienes le han impedido ser.

Por eso nosotros desde la Asociación Tifisqui Cultural esperamos devolverle al pueblo saharaui su verdadera historia; secuestrada, silenciada, manipulada a lo largo de estos últimos treinta años por quienes intentan confundir la palabra derecho con interés, la palabra legalidad con ilegalidad, silenciando la voz de quienes nacimos nómadas y libres no súbditos de determinadas visiones geoestratégicas.

El poeta saharaui Mohamed Salem Abdelfetah (Ebnu), expresa en el poema Nómada en el Exilio ese sentimiento de libertad y esperanza:

Un beduino
se hizo a la mar.

A sus espaldas,
solas, se quedaron las dunas.

El eterno abrazo con el mar.

En el mar un nómada,
en la inmensidad.

El océano parece desierto.

Desierto azul y verde
blanco oscuro infinito.

El color de los peces
las algas y los misterios

¡ Tierra a la vista ¡

Montañas y ríos.
Belleza en otros ojos.

Por el mundo
se extravió un camello.

Un dromedario del Tiris

De la Habana a Madrid
de Árgel a Paris

se le agotaron las provisiones
de arena y silencio.
Se le arrugó el corazón.

Se extravió su mirada
Buscando el horizonte.
Buscando amaneceres.
Buscando reencuentros.

En la orilla
de un mar de esperanzas
un triste dromedario,
un nómada gris espera
volver la mirada y ver
desdibujarse las huellas.

Espera las caricias
De un vendaval.
Contar las estrellas
Antes de dormir

Cruzar el Tiris
de sur a norte.
Llegar hasta el mar.

La mar de dunas
donde danzan en libertad
los dueños de su vida,
los amos de su muerte.

Un dromedario del Tiris
Se hizo a la mar…

El martes 10 de noviembre de 2009 se presentaba en Casa del Libro de Vitoria-Gasteiz la Asociación cultural Tifisqui y la antología de relatos de la Generación de la Amistad Saharaui La Fuente de Saguia. A la presentación asistió el activista saharaui de derechos humanos El Mami Amar Salem, presidente del Comité contra la tortura de Dajla y vicepresidente segundo de Codesa. También estuvieron presentes Jesus Garay, presidente de la Asociación de Amigos de la RASD de Vitoria y representantes de la Coordinadora de Inmigrantes y Refugiados de Alava, Kira.


Ali Salem Iselmu

miércoles, noviembre 11, 2009

CATORCE DE NOVIEMBRE



Sabti I, era el nombre del campamento, que tuvo entonces el honor de recibir a un personaje ilustre, a un señor que estaba destinado a llegar a lo más alto, costase lo que costase. Sus aspiraciones estaban por encima de todo, aunque para lograrlas tuviese que tragar el polvo de la Hamada; sus sueños estaban más allá de la cruda realidad y la penosa situación de aquellos seres a quienes iba a dedicar unas memorables palabras.

Aquellos primeros días de noviembre de 1976 en el internado, que así se llamaba porque no tenía nombre, los maestros hicieron todo lo que estaba en sus manos para que el recibimiento fuera un éxito.

“Nuestras riquezas son nuestras y no deben ser objeto de repartición”
“Ni paz ni estabilidad antes del retorno y la independencia total”
“Con el fusil arrebataremos la libertad”

Estuvimos coreando hasta perder la voz, éstas y otras consignas, mientras nos preparaban para desfilar ante el visitante. Querían que le gritásemos con fuerza todo aquello para que pudiese oír, en su propia lengua, nuestras reivindicaciones.

Y así fue, el 14 de noviembre de 1976 gritamos con rabia y con dolor todas esas frases, que aun sin entenderlas en su profundidad, sabíamos que eran como las armas con las que librábamos un combate.

Cuando los maestros ordenaron silencio y poco a poco se fueron apagando las pequeñas voces, doloridas y cansadas, le brindamos al señor unos presentes que los organizadores del evento tenían preparados. El señor repartió su sonrisa amplia, enseñando su enorme dentadura, apretó las pequeñas manos y agradeció los regalos.

Recuerdo a casi todos aquellos niños que estuvieron ese día. Muchos perdieron la vida, años después, luchando como muchos otros por aquellas palabras, por aquellas frases, por aquellas consignas.

Las mujeres y los niños con los puños en alto repitieron, nuevamente, las consignas y aplaudieron con fuerza cuando el Señor tomó la palabra.

Dijo hermosas, cálidas y comprometidas palabras. Apoyó nuestras reivindicaciones, repitió nuestras frases y prometió ante la historia, que estaría de nuestro lado hasta la victoria final.

Salvo ese discurso, no hubo nada ese día que mereciese ser recordado. Lo demás era la rutina del exilio y la guerra. La gente aplaudió y aclamó, sólo una señora, con síntomas de enajenación mental gritó con rabia y dolor el sentir de todos los saharauis durante esos días.

“Han matado a Luali, que Alá se apiade de ellos” “Han matado a Luali, que Alá les condene al infierno”

Aquella tarde cuando ese señor se afanaba en ordenar y adornar su discurso, los hombres combatían en el frente de batalla a dos ejércitos que se habían repartido y ocupado su territorio.

En el instante en que nos embriagaba la alegría por aquellas palabras, hombres, mujeres y niños morían bajo las bombas de la aviación marroquí. En ese preciso instante hombres, mujeres y niños huían aterrados, eran perseguidos, encarcelados y torturados.
Yo estaba en primera fila atento a aquellas palabras que nos abrazaban y nos daban las alentadoras palmadas en la espalda, y la confianza de que no estábamos solos.

A principios de ese año perdí a mi padre y el dolor que aún permanece, entonces era muy reciente. La tarde del 19 de enero de 1976 la aviación marroquí nos bombardeó en Tifariti, mataron a mi padre e hirieron gravemente a mi abuela, a mi hermana y a mi hermano de cinco años. Yo corrí despavorido, aterrorizado bajo las bombas y aún me dura la fatiga, el cansancio. Mi corazón sigue galopando asustado al más mínimo ruido, al sonido de cualquier explosión, al rugido de los aviones, a los gritos, al llanto de los niños, a la voz desgarrada de los lamentos… y España estaba todavía en el territorio.

A mi alrededor, escuchando aquel discurso, había cientos de personas, cada una con algún dolor personal, tragedia o desgracia, sumados al dolor colectivo, a las dificultades, a las enfermedades y al hambre de los primeros y duros años del exilio.

Éramos la representación de miles de saharauis que continuaban moviéndose hacia la frontera para ponerse a salvo, de los que habían alcanzado el exilio y de los que se quedaron atrapados por la ocupación. Todos, cada cual dentro de su dolor, estábamos esperanzados porque aquel señor había venido para ayudarnos a volver a nuestras casas. Esa tarde, en medio de esa multitud que sufría como yo, las lágrimas silenciosas se deslizaron sobre mis mejillas de piedra. No era la emoción, ni el efecto de las agradables palabras, simplemente fue que recordé a mi padre, como lo habría de recordar el resto de mi vida y tal vez, también, aquella mujer y sus gritos de pesar y de tristeza.

Recuerdo que el Señor se parecía en algo al joven saharaui que traducía al Hasanía sus palabras. El pelo, la tez morena, pero sobre todo en que deseaba lo mismo, quería la paz y la libertad, quería que volviésemos a casa, quería justicia para nuestro pueblo y nos deseaba algo bueno.

“…hasta la victoria final.”

Sin embargo todo era mentira.

Cuando se fue se llevó sus deseos, se llevó sus promesas y también se llevó nuestros sueños. Había viajado miles de kilómetros para engañar a pobres inocentes, a niños y a mujeres.

Han pasado treinta y tres años de aquel discurso y aún no sabemos por qué estaba el Señor Felipe González el 14 de noviembre de 1976 en los campamentos saharauis.

¿Bajó para hacer campaña para futuras elecciones?
¿Buscaba el respaldo de la población española sensible con el tema saharaui?
¿La imagen de Felipe González apoyando al F. POLISARIO y a la población saharaui, podría serle útil para llegar a la presidencia del gobierno español?

Aquellos niños descalzos, aquellas mujeres tristes y desgraciadas, aquellos ancianos perdidos formaban parte de un plan, que sólo una mente diabólica podía concebir. Los estaba utilizando para su carrera política, para su imagen.

El discurso, las promesas, la sonrisa eran lo más falso y abyecto de un personaje que años más tarde se convertía en un héroe y un líder carismático en su país y que sería aclamado como el más grande de sus hijos.

El fin justificaba, maquiavélicamente, todos los medios que fuesen necesarios para hacer realidad sus objetivos. Cuando consiguió lo que buscaba empezó a mudar la piel de la gallardía, enseño sus colmillos y su lengua bífida. Se quitó la noble máscara y quedó al descubierto su verdadero rostro.

“Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final”
¡Qué mentiroso!

Este 14 de noviembre se cumplen treinta y cuatro años de los acuerdos, que usted Señor González, denunció y “la mayor parte del pueblo español, lo más noble, lo más bueno del pueblo español” sigue denunciando año tras año, sigue denunciando cada día. Pero es evidente que usted no pertenece a lo más noble, ni a lo más bueno del pueblo español.

Los pueblos de España siguen apoyando la causa de sus hermanos saharauis.

Señor González, en nombre de aquellos niños y aquellas mujeres que le aplaudimos las palabras ese día de noviembre, por favor ¡déjenos en paz! No se preocupe por nosotros.

En nombre de aquellos niños, que luego murieron en el frente de batalla creyendo en sus palabras, ¡aléjese de nosotros!

Dedíquese a lo suyo, cuide de sus bonsáis, diseñe nuevas joyas… ocúpese de vivir su vida.

Ebnu

lunes, noviembre 09, 2009

Presentación en Vitoria del libro de relatos "La fuente de Saguia"







La Asociación de Amigos y Amigas de la RASD de Álava tiene el gusto de invitarte al acto presentación del libro de literatura saharaui “La fuente de Saguia.
Tras realizar una pequeña presentación los poetas saharauis Ali Salem Iselmu y Chejdan Mahmud nos hablarán sobre la literatura saharaui y sobre el grupo de poetas de la Generación de la Amistad.

PROGRAMA:

Día: 10 de Noviembre (martes)
Lugar: Casa del Libro (Vitoria-Gasteiz)

Horario: 19:00 h


Pedidos del libro en: tienda [arroba] umdraiga.com

martes, noviembre 03, 2009

¿Dónde están los diablos?




El escenario elegido para celebrar el aniversario del 12 de octubre (día de la unidad nacional saharaui) no podía ser mejor, por su belleza, embrujo y magnanimidad, en medio de Leyuad, (las Cuevas del Diablo) se montó un enorme frig, campamento y negros y azulados Corazones flanqueaban el escenario levantado unos días antes, por cientos de personas que salieron del mujaiem (los campamentos) en camiones y en coches para estar allí y para disfrutar de la badía, del desierto fértil, porque este año ha llovido dos veces por la región, la última en verano, han sido lluvias muy fuertes, en la vecina Mauritania hicieron estragos sobre todo en las ciudades cerca de la frontera del Sahara Occidental como Zueratt y F’dérick, el agua allí arrasó muchas casas y cabezas de ganado: un tremendo desastre.

Yo había salido a toda prisa el día 9 de octubre desde Madrid con la intención de colarme en cualquier vehículo rumbo al sur, a Tiris y desde allí a Mauritania. Después de mucha carrera, preguntas, llamadas y precipitados viajes a Rabuni salí el día once y llegué justo la mañana del día 12.

Y allí estaba Leyuad alma silenciosa y llena de misterio, lugar casi sagrado, inexplicable sensación te induce a creer, a dejarte apabullar por su magia. Esa mañana soleada la pantalla del cielo estaba limpia, de un azul intenso. El perímetro de los festejos lleno de gente, un mar de darráás, melhfas y uniformes militares, en el ombligo de Leyuad una tarima con sillas (todo muy surrealista) altavoces, un enjambre de periodistas, cámaras de televisión y unas pinceladas de viento arenoso condimentaban los murmullos, las risas, los abrazos, los rostros serios y los fusiles. También condimentaban los turbantes, la maniya en las pipas, las miradas femeninas hondas, transparentes como el agua de los pozos del Tiris, miradas que buscabas, que te buscaban, miradas de complicidad contra el hastío.

La avispa de la Minurso sobrevolaba de vez en cuando el lugar y a muchos le molestaba el celo de la Misión ante los festejos, mientras en los territorios ocupados no se daban por aludidos. No hubo desfile militar, porque la Minurso lo computaría como una violación del Alto el fuego, (como si eso tuviera importancia). El Presidente Abdelaziz llegó vestido de verde olivo y pasó revista a las tropas y después leyó su discurso, que muchos de los presentes ni escuchaban y pocos aplaudían, un discurso como siempre lleno de buenas intenciones que todos pasan por el forro especialmente Marruecos y la ONU.

Al terminar la alocución anunciaron que por la tarde habrá una carrera de camellos, competencia de tiros; música y poesía por la noche, aunque me hubiera gustado quedarme para disfrutar del ambiente, estaba más pendiente de cómo encontrar un coche que me podría llevar a F’dérick (Mauritania) para visitar a mi madre.

Hasta la tarde no encontré nada, mientras tanto, me refugié del sol en una jaima con varias personas: el tema del día eran las nominaciones de los nuevos delegados que trabajarán como diplomáticos en el extranjero, algunos militares criticaban que no hayan seleccionado a algunos de sus colegas para esos cargos, otros se quejaban de que los militantes de a pie que no han ido a trabajar a España y están currando en Rabuni desde hace años no se les hace ni caso, otros lo ven simplemente como Istifada, un premio como lo podría ser Vacaciones en Paz y los hay que lanzaban todo tipo de reproches al Polisario.

En esa jaima éramos alrededor de doce o trece personas y en medio del té salían con fluidez todo tipo de temas, hasta que alguien miró a los Corazones de Leyuad y preguntó:

- ¿Dónde están los diablos?

Todos quedamos en silencio, pensativos hasta que alguien dijo:

- Ahel Bismilah ya no están, se fueron, los espantó la pólvora de los años de la guerra, las pisadas de los hombres que no cesan, el ruido de las máquinas. Se han ido a otro lugar en busca de soledad.

El que habló era un hombre mayor, pronunció sus palabras con una voz apagada, nostálgica, como si deseara la vuelta de los Diablos o más bien aquellos tiempos en los que él era joven, fuerte y merodeaba por allí libre como el viento.

Limam Boicha

lunes, noviembre 02, 2009

El Muro de la Vergüenza




Durante la semana pasada, los artífices políticos del derribo del Muro de Berlín se han reunido veinte años después para celebrarlo.

Apenas dos años antes del derribo del muro con más proyección internacional, en el Sáhara se culminaba el segundo más largo de la tierra, después de la muralla china.

En realidad, el muro es un conjunto de muros de arena y piedra, de campos de minas, de alambradas, de sistemas de detección y despliegue de tropas construido por el gobierno marroquí como freno a las eficaces tácticas del Ejército de Liberación Saharaui. Las hostilidades han cesado en 1991, y el muro, y sus cada vez más dramáticas consecuencias, sigue en pie. Su edificación pretendía detener la voluntad de un pueblo; se ha convertido en un símbolo de sonrojo para la humanidad, uno como el que el triunfo de la sensatez acabó tirando en 1989.

Para los saharauis, es el muro de la separación, el muro contra el que choca la vida y la dignidad, pero sobre todo, es el Muro de la VERGÜENZA, porque, a pesar del Derecho Internacional, su intermitente silueta nos recuerda la ocupación ilegal.


A WALT WHITMAN
They devour the stars only in apparition.


El Muro

Solía
mirar
la niña
al este
las estrellas.
Esa noche
la nube ocre
cubrió sus astros.
No te aflijas,
niña, no llores.
Sopla fuerte,
y verás su
amenaza
llevada
por el viento,
verás sus
preciosas
filigranas
deshacerse
en el horizonte.


Pero aunque
tras la nube
no hubiera ares,
ni martes hubiese,
recuerda que hay más.
Siempre habrá más.



*Ver información sobre el Muro de la vergüenza aquí

jueves, octubre 29, 2009

CRONICAS DESDE LOS CAMPAMENTOS. Homenaje a un amigo, Abidin


Para Abidin

Barack Obama en su libro “Los sueños de mi padre” contaba que en un viaje de mochila por España cuando era estudiante conoció un emigrante africano al que describía en tono familiar y subrayaba las consecuencias de su emigración desplazado por su situación económica “un hambriento más lejos de su hogar, uno de los muchos hijos de las antiguas colonias –argelinos, hindúes, pakistaníes– abriendo brechas en las barricadas de sus antiguos amos, haciendo su propia harapienta y azarosa invasión”. Y la historia aquí se repite porque los hechos tienen un punto de convergencia común. A Abidin Saleh Bachir, lo conocí a mediados del 2000 en el barrio madrileño de Lavapies, ya en aquella época una barriada multirracial donde el emigrante se sentía como en su tierra por la variedad de restaurantes que desprendían olores a comidas de diferentes países y por los atuendos identitarios que lucían unos y otros venidos desde muy lejos y de diferentes culturas. Todo fue una casualidad. Yo realizaba un curso práctico de periodismo con la Cadena Ser, y residía en una calle cercana a la Gran Vía, La Ballesta 18, desde donde podía caminar hasta la representación saharaui en el barrio de Lavapies sin gastar en el metro las pocas pesetas de que disponía. No hacía mucho que había acabado mi curso práctico y ya estaba moviéndome en busca de un trabajo.

Una vez me acerqué a la representación y al entrar me fijé que desde un rincón habilitado para preparar té, se oía la conversación de dos personas, que al acercarme a ellas invadían mis sentidos el aromático olor del té verde y un especial olor a humo del tabaco típico más consumido entre los saharauis y los mauritanos, maneiya. Allí conversaban dos personas que afectuosamente me saludaron y me ofrecieron un vaso de una de las tandas del té. Uno de aquellos hombres era Abidin Bachir Kaid Saleh. Sostenía entre sus dedos una tuba, pipa saharaui, y sobre el tablero de un espacio que era cocina reposaba su gastada pitillera de un cuero bien trabajada. Estuvimos hablando un buen rato y luego me invitó a acompañarle a un piso en Moratalaz que compartía con un madrileño, compañero de trabajo, muy cerca de la salida del metro, estación Vinateros. A causa de nuestra conversación sobre trabajo me propuso una cita el día siguiente para presentarme a unos amigos suyos que dirigían una nueva productora y estaban buscando un auxiliar de producción. Su misión era entrenar a un actor que debía en su papel hacer de árabe y adoptar un tono de no hablar bien el español. Tenía que hacer también otras tareas como cuidar el plató de noche y ayudar en imprimir los guiones y distribuirlos, un trabajo de auxiliar que no estaba mal por el ambiente y la gente del mundo del cine que se iba conociendo.

Al principio quedábamos en ocasiones para visitar unos amigos suyos de la diáspora saharaui en Madrid. Luego compartimos durante un mes una casa en San Martin de la Vega donde empecé con la productora y otra casa por muy poco tiempo en Fuenlabrada. En ese periodo de convivencia fui conociéndolo más y congeniando con su singular carácter. Coincidíamos en muchas reflexiones sobre nuestra situación en el exilio como individuos que pagábamos de forma personal las múltiples consecuencias de un proceso de descolonización mal acabado que nos dejó España. Me habló de sus dificultades en la urbe que conocía mucho antes de iniciar en ella sus nuevas andaduras en busca de un trabajo. Aún me acompañan sus consejos: “Tienes estudios y buena formación, trabaja en lo que sea para no pedir ni sufrir dependencia, esto es Occidente”.

Era crítico con los políticos de forma general y tenía una visión de la vida que sólo se adquiere de los buenos hombres del desierto, sensible, bondadoso y solidario con los demás.

Congenié enseguida con su sentido del humor y sensibilidad humana, sentí su sinceridad y su filosofía de vida. Me fascinó con sus buenos conocimientos en literatura española y sus grandes referentes. Otra faceta que descubrí en él era el apego a sus raíces culturales y a la causa por la que luchan todos los saharauis. Era un gran orador, virtud que admiraba de él, la misma que constaté años mas tarde al conocer a Chedad, uno de sus hermanos mayores. Entablábamos al amor del té ricas charlas sobre los grandes poetas de la literatura española y hasania, y me recitaba algunos versos y complacido me preguntaba si conocía el autor.

Me comentaba que los años 70 en su casa de El Aaiun tenía la mejor recopilación de música de los discos de los grandes clásicos en hasania, Aulad Abba, Sidati y Chej, pero sin que se limitara sólo a éstos su gusto por la música. Su cultura estaba enraizada y bien cultivada a otros niveles que sostenía en su visión globalizadora y de carácter multicultural. Los Beatles, los Rolling Stones, y los Credence Clearwater eran sus ídolos en aquellos años de auge social anticolonial. Y otros cantantes protesta contra los sistemas políticos mundiales bipolarizados por los dos bloques, la OTAN y el Tratado de Varsovia que lideraba la ex URSS. Teníamos diferencia en formación y en edad, elementos que nos situaba en épocas diferentes, pero compartíamos algo en común: el tener memoria de la tierra, las dificultades de la diáspora, y esa nostalgia que embriaga a los despojados de su entorno. Abidin formó parte de aquella generación de jóvenes saharauis que no pudieron continuar sus estudios universitarios en los últimos años de la colonia. Se matriculó en la Universidad de Granada en septiembre de 1974 para estudiar Ciencias de la Información pero la guerra truncó sus sueños.

Calderón de la Barca era su poeta preferido, memorizaba decenas de sus versos, que en muchas ocasiones me recitaba a propósito de nuestra situación de inmigrantes. Cuando el tema giraba entorno a las dificultades y los motivos que empujan a muchos africanos y latinoamericanos a emigrar de sus zonas por diferentes situaciones económicas y políticas, me decía “ya lo había advertido Calderón en sus versos”. Razón por la que se sentía identificado por “la vida es un sueño”. Bécquer era su poeta lírico cuando se refería a la belleza de una mujer o de nuestra madre naturaleza, García Lorca y su poesía para él representaban la lucha contra la injusticia y las locuras que cometen los poderosos contra lo justo.

Tenía una voz sonora y grave que simulaba la voz de un experto doblador de películas. Casaban sus graves armónicos de voz para recitar la poesía que tanto le gustaba del gran Calderón de la Barca.

"Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando;…

… Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; … y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende".



Tuvo un sentido del humor constante que nunca se vio afectado por los años más duros de su exilio, alejado de su familia, apátrida, doblemente refugiado y sin que le reconocieran la nacionalidad española que tenía como muchos de los saharauis durante la época de la colonia. Todos portaban el DNI, el libro de familia y el pasaporte españoles, no existían para ellos otros documentos que no fueran estos. En cierta ocasión me enseño su carnet de estudiante saharaui cuando el territorio era provincia española.

Me comentó muchas veces que la vida en sus primeros años en Madrid le fue muy difícil, pero me decía que tenía un truco, y había que buscarlo con buen sentido del humor. Y ese truco, me decía, era conservar intacto el carácter de nuestra sociedad, “no desesperes nunca ni dejes de caminar las primeras horas de la mañana”, porque según decía él, “Dios reparte muy temprano su suerte”. A propósito me contó cómo encontró su primer trabajo con una productora de Madrid, “salí muy temprano de la casa donde residía, no tenía trabajo ni dinero y callejeando por las arterias de la ciudad me paré frente a una puerta muy grande donde se veía un letrero con una oferta de trabajo. Entré allí y me presenté en la recepción donde me atendió una señora. Le dije que quería hablar con la directora de la productora, y que venía justo para este trabajo que anunciaban en la fachada. La señora a la que le contaba todo no era la recepcionista ni la secretaria, como yo creí, sino la misma directora de la productora”.

Impresionada por el acento castizo, el excelente manejo de la lengua y la profunda mirada de Abidin, enseguida le invitó a sentarse y le entrevistó para el trabajo, después de saber que era un saharaui. “Desde el día siguiente comencé un trabajo bien pagado”, recuerdo que me lo contó con esas palabras en varias ocasiones. Y me decía: “¿Ves?, si ese día me hubiera quedado dormido o tomando té y escuchando el cotilleo de los demás no estaría aquí contándotelo”. Tras terminar este trabajo puntual contactó con un amigo attrezzista que había conocido y con el que había trabajado en los campamentos saharauis cuando realizaba los preparativos de una película y le pidió ayuda. Finalmente Abidin consiguió un trabajo estable con la productora StarLine. En varías ocasiones me invitó a su trabajo y comíamos juntos en un bar cerca de la productora, sobre todo algunos fines de semana, cuando disponía de tiempo. Me llevó varias veces a visitar a otros chicos saharauis que residían en Leganés, a una casa compartida por los hermanos Ulad Ahel El Mahyub, creo que era una de las primeras en Madrid donde recalaban y encontraban acogida y cariño muchos saharauis sin trabajo y sin papeles.

Le gustaba mucho jugar con los niños y hacerles sentir felices con sus gesticulaciones y los cuentos que les relataba, siempre con su penetrante y sincera mirada de grandes ojos. A Javi, el hijo de una amiga común, le hizo creer que la foto colgada en el salón de su familia era de otro Javi y que no era él, y le decía “tú eres Javi pero el de la foto es otro Javi”, siendo la foto del mismo niño.

Una vez que íbamos de viaje en un tren de Cercanías, enfrente nuestro iba sentada una chica rubia con un niño que se mostraba muy serio, con cara de pocos amigos. Abidin me dijo: “verás cómo cambiar esa carita”. Le fue haciendo gestos con los ojos y la cara, le acercaba la mano y la retiraba sin tocarlo en un plan de juego y mucha complicidad con el niño. Cuando ya estábamos llegando la estación de Nuevos Ministerios el niño empezó a sentir el cariño de Abidin extendiéndole la mano y lo miraba fijamente como si quisiera seguir el juego con él. Finalmente acabaron hablando y riéndose los dos. Disfruté toda la escena desde el principio, porque vi que el niño poco a poco se estaba animando y mostrando otra cara más risueña. El niño se contagió con una risa que sorprendió a la propia niñera que lo cuidaba, una chica polaca contratada para recogerlo del colegio. “Es la primera vez que veo al niño riendo a gusto”, nos comentó la chica con un español bastante bueno, y saliendo ya de la estación nos contó que no era su madre como habíamos pensado en un primer momento.

Transcurridos más de seis años desde que nos dejó aquel guerrillero de fusil y cámara, un día en la Biblioteca Nacional, perdido yo entre archivos y catálogos en busca de las huellas de aquella generación de estudiantes saharauis, encontré el periódico La Realidad, que se editaba en el Sahara en los años setenta y del que me habló Abidin muchas veces. Mis ojos se toparon con una foto y debajo, en los créditos, aparecía el nombre del fotógrafo, que era simplemente “Abidin”. Corría el año 1975 y era la última foto que haría para la Realidad, que dirigía el periodista y viajero Pablo Ignacio de Dalmases, quien años más tarde se convertiría en amigo mío.

En un viaje que hice en febrero a los campamentos visité un pequeño establecimiento de un ex fotógrafo de guerra amigo de Abidin, y charlando con él sobre su trabajo en aquellos años me enseñó un libro en el que aparecían algunas imágenes de ambos fotógrafos y me detuve estudiando una foto en la que Abidin vestía con los auténticos uniformes que utilizaban en aquellos primeros años los guerrilleros saharauis. La foto al final me la facilitó el Archivo de la Información saharaui. Como un joven de aquellos que ingresaron en las filas polisarias en los años setenta, tras militar muchos años y compartir sueños e ilusiones de un Sahara libre, Abidin posaba apoyado en el parachoques de un Land Rover Santana, y entre sus brazos portaba una metralleta AKM de las que capturaban al ejército marroquí. Vestía un pantalón militar de color verde gris y la mítica gandura que usaban las Agrupaciones de Tropas Nómadas, ATN, el cuerpo de infantería que fundó la metrópoli para defender sus fronteras coloniales. Doblaba sobre su cabeza el turbante gris de los guerrilleros polisarios, en su uso de campaña, y rodeaba su cintura un correaje del que se colgaba la funda donde se guardaba el puñal de emergencia del soldado, para luchar cuerpo a cuerpo y valerse de él para cortar en caso de extrema supervivencia. Posiblemente el cigarrillo que sujetaba entre los dedos de la mano izquierda era de un tabaco negro y muy malo que confiscaban aquellos años a los soldados marroquíes, o de los argelinos que distribuían como ayuda a los guerrilleros, tal vez de una marca que recuerdo se llamaba Afras o el L´Moudjahid. Abidin tenía una especial inclinación por los grandes dirigentes militares saharauis, en ciertas ocasiones me hablaba de Biga uld Baali, un mítico guerrillero poeta y dirigente militar caído en los primeros años de la guerra. Me invitó una vez a acompañarle a La Rioja para visitar su amigo Uld El Buhali, y en el camino me contaba que lo apreciaba por su visión de estratega militar y bravura en el combate, estuvimos con él un fin de semana.

Al descubrir la foto, que es en sí misma leyenda de todo un personaje, me di cuenta quién era Abidin y el por qué de su admiración a muchos de esos dirigentes militares saharauis. El 18 de enero próximo se cumplirán siete años de su fallecimiento. El mejor homenaje a todos aquellos jóvenes de la generación de los 70 que ya no están con nosotros es recordarles tal y como un día fueron.


Bahia M.H Awah

domingo, octubre 25, 2009

Presentación de la Coordinadora de Inmigrantes y Refugiados de Alava, Kira



Presentación de la Coordinadora de Inmigrantes y Refugiados de Alava, Kira, en el Palacio Villasuso Vitoria-Gasteiz el pasado 30 de Septiembre de 2009. La Asociación Cultural Tifisqui (Sahara Occidental) es miembro de esta Coordinadora


Presentación de Kira por Ali Salem Iselmu

Cada continente tiene su propia leyenda y su propia historia siempre transmitida por el ser humano capaz de vencer sus prejuicios para conocer a ese otro que es distinto a él, ese otro que habla otra lengua, tiene otro color de piel e incluso es pobre y las condiciones de su tierra le obligan a cruzar mares y océanos en busca de un destino mejor que le permita ser más humano y generoso con el otro.

Nuestra civilización ha luchado durante siglos contra la barbarie y la intolerancia de todo tipo manifestada unas veces en la lucha de los pobres contra los ricos, otras veces los fieles de una religión contra otros, otras veces los miembros de una etnia enfrentándose a otra etnia, otras veces una ideología contra otra, pero la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos ha enseñado que el hombre es aquel que lucha contra la infamia y busca la igualdad y la justicia para dibujar con sus ojos la esperanza de un mundo mejor, un mundo capaz de vencer los episodios más oscuros de su historia, garantizando mayores cuotas de bienestar y libertad en este planeta llamado tierra.

No olvidemos que el nazismo formó parte de la historia del siglo veinte, también el Apartheid y El Ku Kux Klan todas ellas ideologías basadas en la aniquilación, persecución y destrucción del otro; por eso en un día como hoy tenemos un sueño que soñó Martin Luther King en 1963 cuando dijo: “yo aún tengo un sueño profundamente arraigado en el sueño americano. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: afirmamos que estas verdades son evidentes que todos los hombres son creados iguales”. Ese es el verdadero significado de nuestro grado de humanidad y aceptación del otro que a veces causa sentimientos de rechazo que nada tienen que ver con un mundo cívico y abierto donde todos podemos tener nuestro propio espacio.

Hoy quiero manifestar nuestro compromiso con el respeto hacia el ser humano, hacia sus grandes conquistas sociales, científicas y culturales, todos debemos de entender que los sonidos de nuestra voz, los colores de nuestra piel y los rasgos de nuestra personalidad son un punto de partida y a la vez un punto de encuentro en el que podemos reencontrarnos una vez más para sacar a flote lo mejor de nosotros mismos.

El premio de ciencias sociales, Príncipe Asturias 2008 Tzvetan Todorov dijo: “Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia”. Ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, o poseer una gran sabiduría: todos sabemos que ciertos individuos de esas características fueron capaces de cometer actos de absoluta perfecta barbarie. Ser civilizado significa ser capaz de reconocer la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde afuera.

Y concluiré con este poema titulado EL DESAFIO:


Los rostros cambian
con los años,
con el tiempo…
incluso terminan
y quedan para siempre
inexpresivos.

Lejos palpitan los corazones
desnudos de esperanza,
ahogados en las penurias de la civilización,
se consolidan países,
nacen otros,
algunos se mantienen en pie
Esperando al sol.

Crecen los desvelos,
y ya no existen lámparas mágicas.
Todos entramos en la desafortunada
profesión de la tecnología,
lejos de defender nuestro lecho.
Humanidad sin rumbo,
hacía algún lugar,
donde no reine
la globalización incierta
de nuestro andar.


Ali Salem Iselmu